“Hoy, trece de febrero de 2026, en Más de uno celebramos el Día Mundial de la Radio. Y con este motivo hemos vuelto a salir de nuestros estudios…”.
Así comenzaba esta mañana la emisión especial de ‘Más de uno’. Carlos Alsina hablaba desde una plaza castellanomanchega, con el termómetro marcando cuatro grados, “ya están abriendo algunos negocios, como el Colmado de doña Herminia o el único bar del pueblo, el Bar Ramos”. Y lanzaba la primera frase que activó la imaginación de miles de oyentes: “Nos hemos desplazado a un sitio donde, por increíble que les suene, no hay radio”.
El anuncio era rotundo: “Estamos en el único pueblo de España que, todavía hoy, permanece desconectado de la radio”. Un municipio de 387 habitantes. Una antena retirada en 1959. Y una decisión vecinal que había condenado al silencio radiofónico a toda una localidad durante 67 años.
“Pero eso va a cambiar hoy mismo”, avanzaba Alsina. “Dentro de solo dos horas se va a proceder a la reinstalación de la antena que devolverá la señal radiofónica al pueblo por primera vez desde 1959”.
Con ese arranque, ‘Más de uno’ desplegó durante más de dos horas ‘El pueblo que apagó la radio’, un falso documental realizado en directo que convirtió el Día Mundial de la Radio en un ejercicio narrativo colectivo. La historia reconstruía el supuesto origen del conflicto: la derrota en un concurso radiofónico (‘Ruede la bola’ de Radio Intercontinental), en 1959, de Luisito Duque —‘El Jilguero de Perales’—, el niño prodigio en el que el pueblo había depositado todas sus ilusiones.
Por los micrófonos fueron pasando personajes que dotaron de verdad al relato: el alcalde Adelo Cortés defendiendo que “hoy la radio vuelve”; la historiadora Olga Morales, que resumía el origen del conflicto en dos palabras —“Luisito Duque”—; Manuela Méntrida, la amiga de infancia que se emocionaba al recordar al niño cantor; Jimeno Sánchez, el profesor que confesaba haber impulsado “un taller de radio… a escondidas”; los jóvenes de la Plataforma por la Reconexión; el portavoz del piquete exigiendo “referéndum”; o el técnico Pedro, nieto del alcalde de 1959, que destapaba en plena plaza la supuesta manipulación económica que llevó al pueblo a tumbar la antena.
“Lo relevante es que hoy la radio vuelve”, se escuchaba en medio de tensiones crecientes. Porque no todos estaban de acuerdo. Hubo gritos de “¡Fuera la radio del pueblo!”, sabotajes técnicos, amenazas y la intervención de la Guardia Civil. La tensión se narró en directo, con el pulso propio de una retransmisión informativa real.
El clímax llegó al filo del mediodía. Cuenta atrás en la plaza. “¡Contamos desde cinco!”, proclamaba el alcalde. Antena instalada. Transistor encendido. Y la radio volviendo a sonar tras casi siete décadas de silencio.
Y entonces, la escena inesperada: la aparición de Luisito Duque, ya anciano. “Más que Luisito, ya don Luis”, describía Alsina mientras Manuela lo abrazaba entre lágrimas y los vecinos vitoreaban: “¡Viva el Jilguero de Perales!”.
Solo en los últimos minutos de esta emisión especial llegó la revelación. “Ahora es cuando cerraríamos este emocionante programa desde Torreburleque… y así lo haríamos si, efectivamente, Torreburleque fuera un pueblo real”, explicaba Alsina.
Ni Torreburleque existe. Ni Luisito Duque fue real. Ni la prohibición ocurrió jamás.
El programa se ha emitido desde Manzaneque, cuyos vecinos no fueron figurantes ocasionales, sino el pilar esencial de esta gran ficción radiofónica. Ellos encarnaron a cada personaje, sostuvieron cada diálogo, dieron cuerpo a cada tensión y convirtieron una historia inventada en una experiencia emocional auténtica. La plaza, el bar, el colegio, las discusiones, los abrazos y los silencios fueron posibles gracias a la implicación generosa y entusiasta de todo un pueblo que aceptó convertirse, durante una mañana, en coprotagonista de un gran radioteatro.
La frase que resumió la experiencia fue tan simple como poderosa: “Es mentira, pero ha pasado”.
Ha pasado en la imaginación compartida de miles de oyentes. Ha pasado en directo. Y ha pasado gracias a la complicidad activa de Manzaneque, que hizo suyo el homenaje a la radio y demostró que este medio sigue siendo capaz de crear comunidad en tiempo real.
Para dar ficticia credibilidad a este falso documental, Carlos Alsina contó además con la colaboración de ilustres cómplices que se prestaron al juego de la farsa: Raphael, Luis del Olmo, Martirio, Alaska, Matías Prats, José Ramón Pardo o José Manuel Parada, así como con la participación del presidente de la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha, Emiliano García-Page, que contribuyó a reforzar la dimensión institucional de la celebración.
Con esta propuesta, Más de uno volvió a demostrar que la radio no solo informa: crea mundos, genera emoción en tiempo real y convierte la palabra en una experiencia colectiva compartida.
